Esa "cosa" es lo que hace cantar al tomeguín del pinar

jueves, 18 de abril de 2019

El misterioso caso de una llave



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                                                                                                               Por Elsie Carbó
Me gustaría saber cuál es la razón para que en algunos lugares no tomen en cuenta las orientaciones del presidente de este país. Y me estoy refiriendo a sus palabras en cuanto a combatir errores, denunciar hechos de corrupción, salideros de agua sin resolver, chapucerías o trabajos mal terminados, y pienso también en el abuso a los consumidores, que de eso se trata mi denuncia, en fin, todos sabemos a qué se refiere Miguel Díaz-Canel en su afán de mejorar las condiciones de vida de los cubanos, sin embargo, en algunas situaciones esta determinación gubernamental es desoída y tal parece que ese discurso va por un camino y ciertos funcionarios por otro. 

El caso es que desde hace más de un año el puesto de venta de mercancías del agro ubicado en Calle Tercera esquina Ayuntamiento está cerrado, en perjuicio de la alta demanda de un sector de a pie en esa zona. Causas? Han sido varias, pero ninguna tiene una verdadera justificación, y ahora cuando podrían abrirse  sus puertas para una nueva etapa, falta una llave, sí, como lo están leyendo, una misteriosa llave que haría la diferencia para esos ciudadanos, es decir, el pueblo, esa numerosa población de la tercera edad que cada día es mayor y que en ese mercadito podrían satisfacer sus necesidades alimentarias. 

Este punto de ventas está cerrado, como ya dije, pero en estos momentos su movimiento de mercancía en el portal ha sido muy bien recibido, hasta con evidente asombro, pues una cooperativa ha plantado en dicho portal la tan ansiada mercancía, hermosas papayas, frescas zanahorias, remolachas enormes, malangas, ajíes, limones, cebollas blancas, ajos y hasta boniatos que no vienen de krakovia, todo amontonado en improvisadas tarimas, frescas las frutas, apetitosas, variadas las viandas, y con precios que no llegan a incomodar a los clientes, pero increíblemente personas o entidades que tienen la llave del local en su poder no se la entregan a estos jóvenes cooperativistas, a pesar de que ellos ya han demostrado su legalidad en la actividad, según me dice la delegada de la circunscripción Yaima Antelo. 

Ahora, yo me pregunto, puede una empresa de mercado entorpecer de esta manera la vida de una comunidad obstruyendo sin explicación la adquisición de productos necesarios para la mesa del cubano, como es precisamente la venta de papas a la población, y otros productos de la dieta de los consumidores, de la que ellos se encargarían también? Puede una dirección, entidad o empresa mantener a unos cooperativistas con la mercancía a la intemperie día y noche porque no ceden la llave del local? Eso sin mencionar las condiciones precarias en que se desenvuelven al no tener baño, ni agua potable, y confieso que estoy incomoda al ver a esos muchachos  dormir en el piso de ese portal entre tomates y mameyes, para hacerle guardia cada noche a su mercancía. 

Tengo que pensar que algo muy oscuro y misterioso se esconde detrás de esa negativa a abrir las puertas del agro, que ya fue acondicionado anteriormente por otros individuos pero se negó el permiso al no poseer la licencia adecuada. Puede que me equivoque y de lo que se trate sea de una restricción para la seguridad nacional, o algo así, pero por lo pronto, yo soy de las que apoyo la intención del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en la clausura de la Tercera Sesión Extraordinaria de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular cuando dijo que ordenando y fortaleciendo las formas de gestión no estatal, reanimando las comunidades, instalando la belleza y la cultura del detalle como práctica de vida, rindiendo cuentas al pueblo y estimulando su participación indispensable en la solución de cada problema, sistematizando las mejores prácticas, venciendo la inercia de los cansados, contagiando de entusiasmo y optimismo a los comprometidos, es posible avanzar.

miércoles, 3 de abril de 2019

Mujeres babalawos?


El artículo que aquí les comparto fue publicado en el ya lejano 2005. Sin embargo, dado el asombro con que se ha tomado la existencia de mujeres Iyaonifá o babalawos en Cuba, considero importante azuzar el debate, y de paso indagar qué ha sido de la protagonista de esta historia, ahora al calor de debates actuales sobre el no sacrificio de animales en los rituales religiosos, tema del que hablaré próximamente.


Por Elsie Carbó

…Él fue avisado que las puertas de la casa de Orúnmila están abiertas para sus hijos e hijas y ninguno esta impedido de cruzar el umbral… (Proverbio de un poema del Odú de Ifá, Otura-Iroso)

Transgresoras, profanadoras o vanguardistas. Desde el 2000, al menos, hay mujeres Iyaonifá en Cuba. Un tema que a puesto en pie de guerra al Templo Ifá Iranlówo, de Los Sitios, y la Sociedad Cultural Yoruba, de La Habana Vieja. La noticia circula de boca en boca en las calles habaneras y en las Casas de Santo. ¿Tendrán los babalawos que buscarse otro trabajo? Algunos prefieren pagar en dólares.

Nidia Aguila de León es una mujer cubana que ha sido consagrada como sacerdotisa de Ifá en la religión Yoruba, o sea, Iyaonifá, que es como homologarlas al mismo rango de aquellos hombres que han recibido la investidura de babalawos o sacerdotes de Ifá, un hecho que ha puesto sobre el tapete la remota polémica sobre si las mujeres pueden o no aspirar a esta condición, sin ser repudiadas y hasta señaladas como profanadoras de los mandamientos de esa religión.

Pero ¿quién puede ser esta mujer que supuestamente ha roto un dogma fundamental de la Regla cubana de Ocha Ifá, sin importarle el correspondiente castigo físico y espiritual que advierte el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifá?, ¿Por qué llegó hasta esta consagración y cómo se desenvuelve en su entorno familiar, social y devoto?. Eso es, en definitiva, por humano y legítimo, lo más importante dentro del conflicto.

Quizás Nidia Aguila de León nunca imaginó la repercusión que su audacia suscitaría en muchas juntas de babalawos, y en líderes religiosos que no solo se circunscriben a Cuba, según dan fe ciertos documentos, tal y como le ocurriría en el pasado, a una Flora Tristán y otras tantas mujeres, que a lo largo de estos siglos se han erigido en luchadoras por la igualdad de la mujer, pero eso no importa tanto, lo fundamental es que Nidia está convencida de que con su acto no ofende a nadie, y continuará fiel a aquellas remotas tradiciones que los seguidores de los lukumises trajeron a esta parte del mundo, a pesar de los inconvenientes y reprobaciones que encarará por ser transgresora en su época.

Sin intención de hablar de las razones que puedan tener las partes en pugna en sus alegatos y demandas, por ser algunas de orden religioso, solo pretendo mostrarlas en su esencia para que el lector tenga referencia del tema que ya ha tomado las calles con algazara de noticia, porque Nidia ha protagonizado un hecho audaz y vanguardista, ante la mirada de los que han visto durante siglos, oficiar como líder solo al hombre.

Ella sabe que está en el centro de un conflicto que ha puesto en pie de guerra a dos ramas de la santería cubana, la Sociedad Cultural Yoruba, en La Habana Vieja y el Templo Ifá Iranlówo, de Los Sitios, adonde pertenece, pero piensa que su espíritu no flaqueará ante lo que le depare el futuro, porque confía en que ambas entidades tienen el derecho a discrepar, a decir lo que piensan y a llegar, por medio de análisis y reflexiones, al camino más sensato en la búsqueda de lo justo y lo más honrado para la religión que profesa desde hace 24 años.
 
LOS SITIOS
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Nidia vive en la ciudad que Alejo Carpentier llamó de las columnas, pero que también puede ser denominada de las celosías, los portales, el saludo, el desgaste y la reparación, la familiaridad, la tristeza y la sombra, el olor de los solares… En ella están casi todos los grandes monumentos y los vendedores de fritas, los comercios, los conventos y las iglesias, los parques, las sombrillas, las arcadas, esa irrefragable vida humana.

Caminar por Los Sitios es andar por calles estrechas y desembocar en amplias plazas de arquitectura colonial e histórica, que alberga a más de un millar de edificios que se remontan al siglo XVI, pero para llegar al hogar de Nidia hay que olvidarse un poco de estas imágenes de la literatura y adentrarse en un antiguo inmueble, remontar escalones y recovecos hasta dar con la pequeña estancia interior, que muy poco concuerda con la visión romántica del escritor del siglo.

Mujer blanca, hermosa aún en su joven madurez, sin afeites ni lujos, no parece tener arrepentimientos o temores, a pesar de la carga emocional que implica tener a una parte de la comunidad creyente opinando que es una herejía su sacramento, y otra que lo considera como un acto consecuente y merecido.

Lo primero que me llamó la atención en Nidia fue su rostro sereno y paciente. El tono de su voz encuentra el punto exacto para hacerse escuchar, aunque en ella prima mucho más la timidez que alguna huella de protagonismo egocéntrico o provocador. Es de breves respuestas y ademanes finos, no interfiere cuando otros me cuentan acerca de las vicisitudes y gozos enfrentados en la crianza de sus cuatro hijos, sin embargo toma la iniciativa para recordar que a los 18 años comenzó a tener conocimientos sobre la santería, a pesar de que sus padres no profesaban ninguna religión.

_Fue por mi esposo que abracé la fe, él sí venía de una familia creyente. Afirma.

Nidia es habanera, de pura cepa, como se dice popularmente, por eso no me costó mucho esfuerzo encontrar en los alrededores a personas que la conocieran desde su juventud. Amigos y amigas, vecinos cercanos, creyentes y ateos, que ven en ella a una mujer con un gran sentido de la solidaridad, al no negarle un favor a nadie, y mucho menos cuando sabe que alguien está necesitado o enfermo. Nada, que lo resumen todo con esa frase de buena gente, con que diferenciamos en buen cubano a las personas que nos rodean.

Vive en ese mismo edificio de la barriada de Los Sitios desde que se casó hace 24 años con Víctor Betancourt, babalawo, y presidente del templo Ifá Iramlówo, en la misma zona.

_Hace trece años que me hice Yemayá. Dice Nidia, a quien la rodean dos de los cuatro hijos de su matrimonio, y ya de 

hecho estoy ante una pareja de babalawos que vive bajo un mismo techo, unida no solo por las cosas cotidianas del amor, sino también por el trabajo religioso, situación que implica una modificación del pensamiento, porque lo que se consideraba imposible hasta hace poco, hoy, se ha revelado como un irreversible acontecimiento, aduciendo que este paso sitúa a Víctor en una posición insólita, al trabajar con una Iyaonifá en su propia casa.

¿Estamos tal vez en presencia de una revolución religiosa en el conglomerado de los yorubas? Pregunto, y Víctor afirma que sí, que el hecho es trascendental e histórico, y me explica que con toda confianza delega en su esposa muchas funciones propias de su rango cuando él no puede estar presente. Y aclara además, que Nidia no es la única cubana que ha recibido esta consagración. Añade que también “este año una venezolana fue a Matanzas a hacer Iyaonifa”.

¿Entraña esta derivación de funciones algún inconveniente entre la masa de creyentes?

_Quizás ahí se localicen algunos de los problemas que enfrenta una sacerdotisa de Ifá a la hora de trabajar, según me explica el propio Víctor, quien ejerce desde hace más de 20 años en ese culto, pues no hay una costumbre en la población practicante de ser consultada por una mujer y esto, desde luego, conduce a un distanciamiento, que en muchos casos puede ser temporal, si una vez que sean atendidos por ella salen satisfechos. Afirma.

_Son prejuicios que no vienen en la mayoría de las veces de los hombres, sino de las propias mujeres, que no aceptan ser registradas por otra mujer, porque hay un recelo al no existir antecedentes, refiere Nidia, y relata anécdotas recientes de personas que han llegado hasta ella por curiosidad, y que luego, espontáneamente, han hecho una buena labor de divulgación de su trabajo ante el resto de la población practicante que la mira desconfiada.

Recuerdo que el Consejo de sacerdotes de Ifá de la Sociedad Cultural Yoruba consideró a propósito de la iniciación de Iyaonifá en Matanzas, que las mujeres no deben ser engañadas haciéndoles creer que las han iniciado en los secretos profundos de ifá, porque “el protagonismo en Ifá no está concedido a las mujeres”. Y fustigan a quienes violan estos mandamientos y lo mercantilizan.

Víctor me remite a una respuesta suya, posterior a ese artículo, donde expresa que existen muchos espacios vacíos dentro del sistema ritual en cuanto a conceptos y ceremonias, y postula, en otro párrafo, “que sus tendencias religiosas siguen las tradiciones de las regiones de Lagos, Ilé Ifé de Nigeria, y el sistema de trabajo de los descendientes de los lukumies del siglo pasado”. Agregando que en su templo “no han afectado ni económicamente, ni moralmente a nadie y mucho menos a los detractores, pues no ha existido ingerencia alguna en sus políticas religiosas”.

El factor económico siempre está presente en cada acto o ritual de la santería, aunque nunca se mencione, siendo para no pocos adeptos un incentivo apreciable el iniciarse en su membresía, por eso me es inevitable traerlo a colación ahora, bien porque es motivo de curiosidad en unos y objeto de señalamientos subversivos en otros, ¿Qué precio tiene que pagar una mujer por hacer Iyaonitsa?.

_Unos 7000 dólares pagó la venezolana que te mencioné que fue a Matanzas a recibir su consagración”. Afirma Víctor, pero eso está en dependencia también de otros factores, por ejemplo, hay personas que solo pueden ofrecer una merienda sencilla, porque no tienen más posibilidades, y todo se hace sin ningún problema, aunque sí hay que pagar las cosas que son obligatorias. Tampoco tiene que ser en dólares.

Se refiere a Alba Marina, quien en junio del 2004 vino a Cuba, específicamente al reparto Simpson, en Matanzas, para recibir la envestidura. De esta venezolana se ha divulgado que es la primera mujer consagrada en Ifá en América, sin embargo, hay otras publicaciones que dicen que la primera en el mundo fue una norteamericana en el 2003. A Nidia Aguila de León, solo la precede por unas horas María Cuesta Conde, cubana también y del mismo templo Ifá Iranlówo, pues la ceremonia de ambas se celebró el 19 de mayo del 2000.

Nidia cita el caso de esa norteamericana D´Haifa Yeye Araba Agbaye de Ifé, quien también suscitó en el 2003 enconadas discusiones procedentes de personalidades religiosas internacionales, quienes se pronunciaron por la toma de medidas disciplinarias contra la Iyaonifá, sin que hasta el momento se sepa que hayan llegado a ningún acuerdo definitivo. Ella, de hecho, es también una mujer de la vanguardia.

 Recientemente la Asociación Española de Ifá, con sede en la ciudad de Valencia, preocupada tal vez por las batallas verbales e impresas entre Concilios, hizo un pronunciamiento en septiembre de 2004, donde expresa que “son respetuosos del derecho de cada país u organización a tratar a sus ciudadanos y/o miembros de la manera que estime pertinentes, siempre que ello no constituya una violación de los sagrados Derechos Humanos y de las personas en general, entre los cuales se encuentran la discriminación de género (o de sexos), en cuyo caso nos consideramos, (se refiere a la AESI) con el derecho a criticar tales hechos por tratarse de un asunto de interés universal”.

Pero ¿Cuál es el temor a que la mujer sea Iyaonifä? Nidia confía en que se puede luchar contra esas parcelas amuralladas y misteriosas donde se abroquelan clases, sectas o sociedades que esgrimen textos bíblicos, códigos secretos y sentencias orales milenarias, para impedir que la mujer logre una posición a la altura espiritual del hombre.

Ella comparte la opinión de Víctor de que existe un temor “a que haya un cambio socio religioso tradicional y se establezcan las normas docentes sobre un estudio metódico de Ifá, entonces la mayoría de los babalawos tendrían que buscarse su sustento en la agricultura, como sepultureros o cazadores de cocodrilos en la Ciénaga de Zapata”.
¿Se podría afirmar que la mujer es superior al hombre cuando funge como Iyaonifá? Estoy segura que Nidia podría hablar de su confianza en el triunfo sobre las aprensiones de los celosos guardines de dogmas y preceptos, que solo ven a la mujer como esposa, madre y ayudante en las actividades religiosas, y por supuesto, sobre los que duden de que ellas puedan cambiar el mundo, pero ante esa pregunta prefiere el silencio, no obstante, su esposo opina que a ellas les es dado el don de la espiritualidad.

Creo que mi última pregunta a lo mejor no hubiera tenido respuesta de haberla formulado, al menos por ahora, en que los ánimos están caldeados y no se cuela por la rendija ni una luz. Pero me queda la duda ¿Qué ocurriría si se les niega la entrada a las sacerdotisas en determinadas ceremonias y rituales que han sido a través del tiempo solamente prerrogativas del hombre, digamos por ejemplo, en la apertura del año, donde se saca la letra que regirá al mundo creyente durante los doce meses en curso?.

Cuatro años no es mucho tiempo para una mujer que ha sabido esperar. La diferencia radica en eso precisamente, en tener la sabiduría de hacerlo, algo que las mujeres hemos aprendido desde niñas como la tabla de sumar. Nidia sabe que aún como aquellas legendarias capitanas que encabezaron las luchas por los derechos y la igualdad de la mujer, a ella le esperan sorprendentes acontecimientos. Su cruzada contemporánea tal vez le exigirá grandes sacrificios en el futuro, pero puede sentirse satisfecha de que ya se hable con mayor flexibilidad sobre las mujeres sacerdotisas de Ifá en el mundo. Inexorablemente, nadie podrá detener el curso de la historia.

jueves, 7 de febrero de 2019

Lo que hace la diferencia


El doctor Martín Gil (Tito) a la izquierda junto a un miembro de su equipo médico

Por Elsie Carbó

No acostumbro a las lisonjas ni los encomios. Creo que sobran cuando se cumple normalmente con el trabajo que corresponda a las personas de bien en sus profesiones o cargos,  quienes me conocen lo saben, sin embargo, hay distancias entre los que cumplen con lo que les toca, y aquellos que, ponen siempre algo más de su interés y rubrican siempre su quehacer  en la vida con una ética superior. Les voy a presentar un buen ejemplo en el doctor Luis Manuel Martín Gil, cirujano, quien trabaja en el policlínico universitario Rampa, en el Vedado capitalino.


La historia es que fui a ver al médico por una dolencia  que me estaba molestando más de la cuenta. Había comenzado por una apacible espinilla que requería de la intervención adecuada pues no desaparecía ni con las sucesivas manipulaciones o los remedios caseros que erróneamente le apliqué. De acuerdo, entonces fui remitida a cirugía menor, en dicho policlínico, donde  trabaja desde el 2008, el doctor Luis Manuel, más conocido por Tito, como le suelen nombrar los amigos. No me gustaría que esta crónica se viera como una tarea asignada o una estadística más de apologías para la institución de la salud, estoy muy lejos de eso,  se trata sencillamente de hacer honor a los verdaderos valores que deben engalanar la existencia de los seres humanos, sobre todo cuando tienen la vida y la salud de sus semejantes en sus manos, pues bien, llegué al policlínico y fui atendida sin dilación por Tito el cirujano. Quedé complacida y asombrada, al notar que él mismo me señaló el día y la hora para efectuar la operación. Confieso que me impresionó la rapidez de la gestión y más aún su cordialidad, siendo yo una desconocida paciente  en aquella abarrotada sala de espera del salón. Escucharlo hablar con aquella amabilidad, ver la atención con la que se enteró de mis explicaciones y mis miedos, y después su sencillez, la libertad de su sonrisa y la seguridad con la que me dijo que no tenía nada que temer, realmente hace pensar que ya de por sí una atención tan encantadora nos podría hacer sentir que habremos ganado el reino de los cielos, eso sin mencionar que a la siguiente semana regresé para verificar realmente que en un santiamén aquel molesto grano desaparecería de la faz de mi rostro como por arte de magia.
Así es la razón de esta historia, por eso le debo al doctor Martín Gil, estas pocas letras para agradecerle su labor en ese equipo médico y su excelencia como ser humano. La manera con que sin la más mínima muestra de superioridad o pedantería trata a sus pacientes es ya de por sí un rasgo personal que hace el contraste entre lo ético y el desierto. Y no solo lo digo por mi experiencia,  ya escuchaba de antemano los elogios en la sala de espera cuando varios pacientes se referían a Tito con gran entusiasmo, calificándolo de buen cirujano y chévere persona. Es que en su consulta siempre hay pacientes que se fijan en todo y agradecen cuando un galeno les inspira confianza, son individuos que acuden para atenderse en cirugía menor, periférica, o en otras especialidades como la de oncología de piel, para las cuales, la experiencia de este médico, su dedicación y su popularidad entre los colegas, los amigos y pacientes, es lo que  determina a fin de cuentas el valor de la diferencia.


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domingo, 3 de febrero de 2019

Inocencia: necesaria, conmovedora


  
Tomada de Internet

Por Elsie Carbó

Inocencia es la cinta del cineasta cubano Alejandro Gil que cuenta los sucesos relacionados con el fusilamiento en 1871 de ocho estudiantes de medicina cubanos a manos de las autoridades coloniales españolas, y es un momento de la historia nuestra nunca antes abordado desde el séptimo arte, y yo diría que también mal reflejado en nuestras vidas como ciudadanos porque después de conversar con jóvenes, estudiantes y amigos, que ya dejaron de ser tan jóvenes, me doy cuenta de lo poco que sabemos acerca de estos hechos, o lo que es peor lo olvidado y lejano que están en el tiempo, justo que al enfrentarlos en una película tal parece que nos sorprenden por primera vez.

 Es una obra humana, necesaria y conmovedora, para crear en el espectador sentimientos encontrados que nos dejan ver que a pesar de la distancia de aquellos hechos podemos sentir el dolor y la rabia como si estuvieran ocurriendo frente a nosotros, en nuestras familias, con nuestras propias amistades como víctimas. Repudiamos a los asesinos y la corrupción extrema que se muestra, y lloramos por los asesinados. De ahí la catarsis,  el silencio, los aplausos, las lágrimas. Con un elenco de lujo y un guión llevado a la perfección, Inocencia debe pasar por cada una de  nuestras casas para que ni la abuela se pierda ni uno solo de sus momentos, por no decir cada plantel de estudio, cada colegio, si tenemos en cuenta que acceder a los libros, donde se supone que está la historia, ha sido relegado por las nuevas tecnología y es más raro encontrar a los estudiantes en las bibliotecas que en un parque accediendo a la wifi, entonces hay que darles la historia en hechuras como estas, y bien contadas, como ha hecho Gil.

La incorporación a la historia tiene otras novedades como es la participación de los abakuá en la defensa de los estudiantes, tal vez los únicos que hicieron algo para impedir el fusilamiento,  paradójico, como se ve en la película, que mientras la sociedad de la época se mantuvo indiferente fueron los negros los que se enfrentaron a los soldados. Y si discretamente se ha reconocido este gesto de una hermandad como la ñáñiga y se ha colocado una tarja en una acera al costado del hotel Sevilla, para de alguna manera homenajear a aquellos que dieron su vida un 27 de noviembre por defender a los estudiantes de medicina, no es menos cierto que a esos homenajes les falta visibilidad y fuerza, lo digo porque solo asisten miembros de algunas potencias abakuá, colaboradores, convidados a través del boletín electrónico La Ceiba o el Observatorio Crítico, amigos de los amigos y los transeúntes, que por curiosidad se asoman al ver el grupo y escuchan los toques.

Hay más detalles de los que me gustaría hablar de esta reciente entrega cinematográfica, sobre todo las que tratan de la búsqueda de los cuerpos de los ocho estudiantes de medicina 16 años después de ser fusilados, la investigación de Fermín Valdés Domínguez, acusado también pero ileso de aquel macabro sorteo, aunque condenado a seis meses de prisión en el mismo proceso, y el honorable discurso pronunciado por el español Federico Capdevila en la defensa de los jóvenes ante aquel tribunal, que ya los había condenado antes de entrar a corte. Soy solo una espectadora que agradece una película como esta y humildemente felicita a sus realizadores y a los actores que intervienen, pues figuras de primera línea en la actuación cubana, como Héctor Noas, Fernando Echavarría o Caleb Casas, completan la obra de este director, ellos son junto al guión de Amílcar Salatti, lo mejor que estaría pasando en la cinematografía contemporánea del país.