Esa "cosa" es lo que hace cantar al tomeguín del pinar

miércoles, 16 de enero de 2019

Jilma Madera: La gloria y el olvido






Por Elsie Carbó
Hace mucho tiempo quería contar la impresión que me causó la escultora del memorable Cristo de La Habana, Jilma Madera, cuando la conocí allá por la década de los ochenta del pasado siglo, en lo que pudiera llamar el ocaso de su vida. Hay muchas vivencias que tengo de aquellas visitas a su casa en 10 de Octubre, donde vi una buena parte de sus bocetos, proyectos inconclusos, retratos personales y sus aplazados ídolos en yeso, pero no creo que logre del todo ponerme de acuerdo con mis apuntes y los recuerdos, porque faltaría espacio para reseñar el torrente en la vida de Jilma como mujer y como artista. Tenía una personalidad carismática e irrefragable que faltaría la sintaxis para poder dar una idea de su poder existencial. Por otra parte siento molestia ante algunas incongruencias publicadas después de su muerte, ocurrida el 21 de febrero del 2000, en lo tocante a la misteriosa ausencia de los ojos del Cristo de La Habana, donde en algunos textos se le atribuye a un deseo de ella de que permanecieran vacíos porque no se verían en la distancia, pero sobre esto les diré lo que ella me comentó en aquella oportunidad, solo que antes me gustaría apuntar que lo peor de todo fue el injusto ostracismo y la invisibilidad en que vivió esta mujer durante mucho tiempo, sin que se le diera la justa valoración al hecho de haber elaborado entre otras obras, el busto de José Martí, que luego se colocó en el Pico Turquino, donde aún permanece para orgullo de los cubanos que llegan a contemplar su cima. Y digo lo peor que le ocurrió a Jilma a pesar de ser un referente en el universo de las artes plásticas, es haber sido desconocida para la mayoría de los cubanos, aislada y callada, sabiendo que muchas de las jóvenes generaciones que miraban admirados la colosal estatua del Cristo de La Habana, colocado en Casablanca, ignoraban quién había sido la autora de esta poderosa imagen, independientemente de que las agencias internacionales del momento la distinguieron con honores en su inauguración el 25 de diciembre de 1958,  reseñando en sus páginas que Jilma Madera, era la primera y única mujer escultora en el mundo en acometer tamaña proeza. Una gloria que aún se mantiene vigente a pesar de los olvidos.
Quizás el lado más desconocido de esta artista fue su agitada vida personal que la llevó desde muy joven a salir fuera de Cuba, unas veces para cursar estudios, otras para representar sus obras, algunas para seleccionar los materiales con que las elaboraba, como ocurrió con las 320 toneladas de mármol de Carrara que escogió en Italia para su Cristo habanero, una y otra vez ella subía a un avión para dar los toques finales o el acabado, de ahí que me confesara que había renunciado a la idílica idea del hogar feliz en virtud de su trabajo, algo que amaba con pasión, aunque con eso no dejaba cerrado el capítulo del amor porque ese sentimiento irradiaba todo lo que hacía. A todas estas, mientras el mundo giraba en la mirada de esta artista el país se preparaba para los radicales cambios que vendrían gestándose desde el llano y las montañas, estaría al tanto Jilma de lo que ocurría en Cuba mientras disfrutaba su carrera social o supervisaba qué materiales utilizaría y cuáles no?
_Siempre mi obra estuvo ahí, era Cuba. Ahí está mi Martí, en retratos, en mármol o en yeso. Dijo. Y es cierto, solo hay que ir hasta la Fragua Martina y admirar el frontispicio del propio recinto. Jilma era una mujer Martiana. Muy apegada a sus principios nacionales y patrióticos. Y agregaría además que también dejó su obra emplazada en diversos lugares y países como Puerto Rico, Estados Unidos... y otros.
Entonces, que misteriosos recovecos del poder la minimizaron y solo después de muerta se vea muy débilmente reflejada o reconocida su importancia para la cultura del país donde nació? La prensa de la época la fotografiaba en Italia, adonde había permanecido a pie de obra casi todo el tiempo desde que inició la preparación del Cristo, brindaba entrevistas y era asediada no solo como artista de la plástica, sino por su deslumbrante belleza, ante la cual, caían rendidos de admiración hasta los más indiferentes líderes. Fue una leyenda que las revistas y agencias se encargaban de manipular a su antojo cada vez que se corría la voz de que algún príncipe había sido rechazado por la cubana escultora. La BBC era quizás la que se mantenía más fiel a su ética periodística al reseñar en sus páginas el acontecimiento, no tanto por los 24 metros que mide la estatua, porque hay registradas unas cuantas mucho más altas que el Cristo de Jilma, sino por el hecho de ser ella la primera y la única mujer en haber cincelado en mármoles blancos de Carrara una obra de tal envergadura, y eso era digno de figurar no solo en las primeras planas de la prensa, como un récord absoluto, señores, que aún está invicto en el universo de las artes plásticas de Cuba y del mundo.
Pero después de revisar cuidadosamente las listas y publicaciones entre las décadas 40 y 50 del pasado siglo, tal vez el período más fructífero de Jilma, porque es cuando además del Cristo termina el busto de José Martí, que está como ya dije, actualmente colocado en el Pico Turquino, y otras piezas más sobre intelectuales, poetas o patriotas, me sorprende ver que en algunas listas que citan las de mayor tamaño no aparece el de La Habana. Es su karma o la persigue la mala suerte? Ya no hay preguntas. Veo que está el Cristo Rey del Cubilete, en Guanajuato,  México, inferior en tamaño al de Jilma, que mide 24 metros, o el francés Christ-Roi des Houches, que solo lo excede por un metro, o lo iguala el Cristo de La Misericordia, de 24 metros en San Juan del Sur, en Nicaragua, el resto que verifiqué varían en tamaño o técnicas usadas hasta llegar al que se conoce quizás como el de mayor altura que representa a Jesús, y está en Cochabamba, Bolivia, y mide 40, 44 metros y se le conoce como el Cristo de la Concordia y se inauguró en 1994. Es visible desde gran parte de la ciudad, y es una obra de concreto y hormigón armado que yace sobre la Serranía de San Pedro, y hablando de las técnicas empleadas, recuerdo que Jilma varias veces en su conversación hacía hincapié en que su Cristo estaba hecho en mármol de Carrara y había utilizado la técnica llamada al hueso, algo que quería apuntar con vehemencia, puesto que no era una práctica, al menos no muy utilizada en la época, y mucho menos que existieran en el país otras trabajadas del mismo modo, a lo que tengo que decir que tampoco entre las señaladas en lista encontré ninguna elaborada con dicha técnica, pues siempre se referían al hormigón armado, los bloques de cemento, concreto o prefabricados in situ, pero nunca hacían alusión a esa forma de trabajar la arcilla, como solía afirmar Jilma.
Con Jilma era muy fácil reír y sentirse a gusto, su casa era un cataclismo de fantasmas, de silencios, los yesos, moldes, herramientas y figuras en blanco que imponían temor si te adentrabas en los corredores del viejo caserón, era una mujer llena de bosquejos, y misterios, extrovertida y apasionada, aún en aquel ocaso de su vida sedentaria y casi doméstica, en la que se deshizo de valiosos obsequios, como jades, porcelanas, o joyas costosas, que le fueron enviados desde distintas latitudes como tributos a sus encantos y a su don para el arte, pero que ya en su barrio de 10 de Octubre no le servirían para sobrevivir. No obstante ella había asumido estoicamente aquel destino adverso porque sabía que su legado estaría ahí para ser disfrutado para siempre. Impertérrito e inquietante, como un fiel guardián del alma de Casablanca. Ella solo expresó el pesar que sentía de que el tiempo se le escapara de las manos sin lograr los proyectos que tenía en mente para esculpir el mármol, que era su pasión elegida.
Quería dejar para último el tema de las cuencas vacías del Cristo de La Habana. Sencilla y desinhibida, la escuché hablar sobre diferentes países que conoció casi palmo a palmo como si estuviese en su natal Pinar del Río, su dominio del latín, el inglés o el francés era impresionante, mostraba fotos de las personalidades con las que tuvo amistad, o amor, nadie podría imaginar al ver la soledad de sus últimos años que una vez reinó entre embajadores, monarcas o sultanes, y muchas figuras del cine de aquellos años que se sintieron atraídos por aquella singular artista, absorbente y voluntariosa, y quisieron poner riquezas y fama a sus pies aunque ella los desdeñara. Me contó que por la época en que daba los toques finales al Cristo había conocido a un hombre que le sirvió de modelo para el rostro de la estatua, en su opinión tenía los ojos azules más perfectos, pero eso fue tal vez su error de cálculo, un desliz que la hizo querellarse con la iglesia católica en el país, que no aceptaba aquellos ojos tan vivos y seductores en la imagen del santo, al menos esa fue mi deducción cuando me contó sus desavenencias con el clero por el pecado de plantarlos en el mármol. Me dijo que al ver que la iglesia no negociaba, ella decidió entonces dejarlos vacantes. Esa es la razón, según la artista, y no otra como han querido hacer ver, por eso el Cristo de La Habana tiene las cuencas de los ojos vacías.
Jilma utilizó, según me dijo en complicidad, un modelo real para los ojos, un hombre sencillo que ella amó y quiso expresárselo de esa forma sin pensar en la posteridad. Así de franca. Lo demás queda a la imaginación, si fue cierto o no, no lo voy a poner en duda, pero conociendo lo transgresora que era para la época que vivió, estoy segura que ese hombre existió y donde quiera que se encuentre estará orgulloso de haber inspirado una obra de amor tan hermosa que perdurará en el tiempo por los siglos de los siglos. Esas serían las últimas palabras que escuchamos el fotógrafo Manuel Torreiro y yo al despedirnos de aquel mundo de glorias y olvidos, pero más que la cortesía de un adiós, nos llevábamos la imagen de una mujer, humilde y serena, sentada en aquel patio hexagonal, rodeada de helechos y tamarindos, torsos desnudos, bustos y perfiles desgastados por el tiempo.
 
Fotos tomadas de Internet

martes, 18 de diciembre de 2018

Carta a Miguel Díaz-Canel

Es de los que a diario mueren en las calles, fue publicado hoy día 18 en Facebook


Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba

Compañero, soy Elsie Carbó, periodista y jubilada. El asunto por el cual me dirijo a usted, es porque quiero referirme a la necesidad que tenemos los amantes de los animales en el país de que se legisle un decreto o ley que los proteja a ellos del maltrato, el abandono y el abuso que se ha desatado en nuestro entorno, la desidia, como dirían algunos, así como de otros atroces episodios de zoofilia, sadismo, tortura y muerte, de los cuales hay conocimientos irrefutables que han causado dolor y rechazo entre la sociedad cubana sensible ante estos hechos. Esa es la razón por la cual me dirijo a usted con todo respeto y con la esperanza de que usted pudiera desmontar este desorden de cosas y hacer la diferencia.
Hace alrededor de un mes que en las redes sociales y diversas plataformas digitales se publicaba un brutal caso de zoosadismo en el que incurrió  un ciudadano conocido como Rubén Marrero Pernas, de 29 años de edad y vecino del reparto Monterrey, en San Miguel del Padrón, uno más de los que a diario ocurren en el país, pero este tuvo gran repercusión y hasta  provocó el despido del sujeto como trabajador del Polo Científico de Neuro Ciencia donde laboraba, y su inmediata detención por las autoridades competentes, sin embargo, ante el silencio que se ha mantenido hasta el momento acerca de su situación actual, y los  constantes rumores que recorren las calles afirmando que aún se mantiene impune, la comunidad cubana amante de los animales se siente consternada e impotente sobre todo cuando se pregunta irritada qué sanción se le aplicará a este individuo para que pague por el sufrimiento ocasionado?.
En este lamentable caso hay evidencias suficientes presentadas por el grupo de CEDA (Cubanos en Defensa de los Animales), me refiero a videos, fotos, descripciones… etc., que él mismo filmaba y posteaba sobre sus relaciones sexuales con perros, a los que mutilaba, torturaba y mataba para su ostentación en las redes internacionales de pornografía, zoofilia u otras tarimas de internet afines a tan macabros contenidos, donde no hay que ser muy perspicaz para saber que, además, de no actuar solo, la imagen de Cuba ha sido dañada ostensiblemente en el exterior con esas aberraciones, a las que prefiero llamarlas terrorismo emocional.
Hay muchos  casos ocurridos aquí en La Habana y otros en provincia que han sido divulgados sobre hechos vandálicos cometidos por individuos que actúan en las sombras y representan un peligro para la sociedad y que no voy a enumerar ahora, mi petición, que es también la opinión de casi todas las personas que integramos estos grupos que luchan contra el maltrato y el abuso a los animales  en Cuba, es que usted, presidente, ayude a promover una ley de protección, y condene públicamente estas manifestaciones de incultura y barbarie que no tiene nada que ver con la sociedad sin violencia que pretendemos y por la que hemos luchado muy fuerte desde sus orígenes, al menos yo me considero entre esas personas que toma partido desde dentro, por eso tengo el derecho a recabar el apoyo de mi presidente.
Conozco que el país se enfrenta a situaciones difíciles en el orden económico pero este es un caso en el cual el Estado no tiene que invertir ni presupuestos, ni materiales, ni dineros, porque no pedimos ni inmuebles, ni medicamentos, ni alimentos, ni viajes, ni reconocimientos, ni medallas, por el contrario, pienso que mediante el concepto de multas monetarias aplicadas a los infractores se podría sacar ventajas económicas para incrementar los proyectos sociales, como ocurre con las multas impuestas a quienes dañen la propiedad social, el césped o sencillamente causen desorden público. De esto se trata, de poder contar con un decreto, una ley o sencillamente una palabra suya, tal vez en las redes sociales, que cambie la invisibilidad que en estos momentos tenemos ante las violaciones, los maltratos y los abusos con los animales, que en definitiva, se sabe, son conductas sicópatas como las del ejemplo presentado, que representan un peligro dable para nuestras comunidades más influenciables e indefensas, como son nuestros niños.
Nadie puede andar en la cuadra o el barrio en que vivimos destruyendo o asesinando a los más débiles sin castigo, me refiero igual a los perros, los gatos, los caballos, los gallos… y otros animales que también nos acompañan desde tiempos inmemoriales, esa es la razón por la que exigimos que la ley del hombre castigue con mano dura esos delitos. De eso se trata también, de socorrer a la naturaleza para mantener a flote este mundo.
Gracias

Elsie Carbó
Calle 3ra. 571 A /Ayuntamiento y Ayestarán, Plaza
Teléfono: 7 8700394
Estoy en Facebook y en la web https://elsatocubano.blospot.com

viernes, 29 de junio de 2018

La bandera, Oh, mi bandera




Por Elsie Carbó
grillosazules@gmail.com

La pregunta sería, se puede o no usar la bandera como prenda de adorno corporal? Algunos han criticado a Laura Pausini vistiendo la bandera cubana en su reciente concierto con Gente de Zona, y a otros le ha parecido un gesto solidario y encantador. Las opiniones se dividen y en sí es un hecho a considerar desde varios ángulos, en primer lugar, loable de su parte querer con ese gesto agradar al público cubano, y tal vez a las autoridades del país, pero al mismo tiempo, hay una parte a la que le puede resultar irrespetuoso  teniendo en cuenta que se trata de un símbolo patrio cuya representatividad nunca debería acomodarse a intereses particulares, en festejos de recreación o eventos de grupos parcializados. 

Pensando en esto preguntaría al respecto la opinión de aquellos que fueron duramente criticados, y quizás hasta sancionados, por vestir a unas bailarinas con la bandera cubana en el recibimiento de un buque turístico entrando al muelle habanero en meses pasados, tema polémico en las redes sociales que suscitó fuertes críticas para quienes instrumentaron la insólita idea, con la cual yo personalmente también arremetí en aquel momento por considerar que los códigos de la rumba no necesariamente tienen que transformar las representaciones del vestuario con las que siempre se han identificado, pero el caso es ahora que la Pausini ha sido no solo exitosa en su concierto en la Ciudad Deportiva del martes pasado, sino temeraria, porque para nadie es un secreto que los discrepantes sobre Cuba no ven con buenos ojos a ningún artista foráneo que venga a congraciarse con la Isla y mucho menos que se vistan con los símbolos más trascendentes de la nación caribeña, como de este del que hablamos. 

Entonces, señores, a esta altura del campeonato, estoy confundida, se puede o no se puede hacer uso de la bandera como prenda de uso utilitario?

sábado, 23 de junio de 2018

Gloria Rolando

Nota de la redacción:

Le debo esta a mi amiga Gloria Rolando. Mi queridísima amiga de los años. Por eso donde se hable de ella o ella esté,  no puedo estar ajena. Ahora Roberto Zurbano ha hecho una emotiva crónica que ha publicado en el Club del Espendrú, y con su permiso he querido reeditar aquí, ya que no pude estar en esa reunión del Habana Libre donde se ponderó la obra de Gloria, ni tampoco soy miembro de dicho club, que no creo que sea por no llevar ese estilo de cabello, sino porque no sabía que existiera en mi país esa tertulia entre los cubanos, de todas formas, lo adoro y felicito, además de brindarle mi humilde blog para futuras publicaciones.






Por Roberto Zurbano Torres
EL CLUB DEL ESPENDRÚ tuvo la mejor oportunidad para abrazar, compartir y agradecer a Gloria Rolando, su carrera como cineasta independiente, directora de diez documentales y una serie documental de tres capítulos sobre la Masacre del Partido Independiente de Color. Su mirada escudriña la vida de la gente sin historia y les convierte en valiosos protagonistas de la cultura y la sociedad cubana, pues ella sabe elegir temas, personajes y acontecimientos del pasado que tienen una intensa vibración en el presente.
Habíamos demorado este abrazo tanto, que decidimos asaltarla en el momento más oportuno, recordando lo que hacíamos cuando niños con nuestras madres y maestras, quienes nunca dejan de trabajar y no les sobra mucho tiempo para contemplarse a sí mismas, para celebrarse como merecen. El marco de esta celebración fue la 43 Conferencia Anual de la Asociación de Estudios Caribeños (conocida como CSA, por sus siglas en inglés), celebrada en el hotel Habana Libre, la primera semana de junio.
Entonces, el pasado martes 5, a las 5 y 30 de la tarde aprovechamos siete minutos previos al panel que abordaba el cine de esta importante cineasta afrocubana en el salón Solidaridad, integrado por las afronorteamericanas Andrea Queeley, Devyn Spence Benson y Amberly Ellis Alene; ellas nos cedieron estos minutos para que EL CLUB DEL ESPENDRÚ honrara el modo en que Gloria Rolando se ha convertido en una de nuestras ceibas madre-maestra y hermana de luchas cada vez más necesarias, desde una persistencia, una claridad y una perspectiva futura que pocas veces encontramos en nuestro país. Y lo ha hecho a pesar de toda resistencia, de toda indiferencia y de toda soledad o falta de solidaridad. Poniéndole una inmensa y hermosa carga de entrega, profesionalidad, amor y respeto por el trabajo en equipo y la memoria colectiva.
El cine de Gloria Rolando habla de la identidad cubana, pero una identidad de rostros múltiples, usualmente olvidados por los grandes medios y también por la historiografía. Ella trabaja en ese espacio único que hay entre el pasado y el presente mostrando que los conflictos culturales dejan una huella en el futuro de la nación, pero sobre todo en nuestra vida presente. Ella ha elaborado un cine de indagación histórico-social, antropológicamente diverso, lleno de espiritualidad y de respeto por la cultura popular, las raíces afrocaribeñas de nuestra identidad y la dignificación del hombre de a pie, esa persona común que vemos crecer en sus documentales hasta convertirse en la voz que responde y corrige a la historia, dejándonos una verdadera lección de belleza y compromiso con su realidad más cercana.
Gloria Rolando es una de las artistas e intelectuales afrocaribeñas que ha reunido en su obra, las músicas, las religiones, historias y subjetividades del rostro múltiple de nuestra identidad afrocaribeña casi nunca reconocida. Una de sus mayores contribuciones es mostrarnos esos rostros en la gran pantalla con tanta dignidad y belleza. Por eso le entregamos la condición de Miembro de Honor de EL CLUB DEL ESPENDRÚ, algunos regalos para su cuerpo, otros para su alma y nuestro eterno agradecimiento por sus contribuciones, su carrera y su pasión vindicatoria, cimarrona y hermosa. Abrazamos, hermanamos, aplaudimos, compartimos y aprendemos. Así, avanzamos, juntos y dispuestos a salvar la memoria y el futuro afrodescendientes. Gracias, Gloria Rolando.