Esa "cosa" es lo que hace cantar al tomeguín del pinar

martes, 21 de noviembre de 2017

Menéndez Peláez, el legendario aviador cubano




Por Elsie Carbó

grillosazules@gmail.com

Los cineastas de mi país habían perdido de vista un tema apasionante que no dudo sería aplaudido por los públicos de todas las latitudes y premiado en todos los cónclaves donde se presentara, pero finalmente el cineasta Fidel Oliva estrenó hace poco un documental bajo el título Desafío a los cielos, que trata de la historia de un héroe de la aviación cubana que fue el primer piloto en realizar la hazaña de sobrevolar el Atlántico en el año 1936, saliendo desde un punto en Camagüey y aterrizando en Sevilla, España, piloteando un avión monomotor de cabina abierta, y sin ninguno de los modernos medios de comunicación y navegación de que hoy disponemos. No he visto su documental pero conozco desde mi infancia la historia. Saludo a su creador por este gesto de justicia y fidelidad a la historia de este héroe desconocido.

Siempre pensé que de realizarse este filme con todos los detalles de la vida de este hombre, su arriesgada proeza, e incluida su vida personal, llena de romance y amor, estoy segura que se convertiría en un clásico inolvidable como lo ha sido La bella del Alambra o quizás, la vida de Bobby Fisher, ¿Por qué no? Sabemos que mientras unos y otros redoblan esfuerzos por presentar los avatares contemporáneos de este país, con defectos y virtudes, más de los primeros casi siempre, se pierde de vista el rico caudal cinematográfico que se lograría si se narraran los contratiempos, osadías y valores éticos de hombres como Antonio Menéndez Peláez, en su breve paso por la historia de Cuba.

Yo no había nacido aún cuando el famoso piloto  se casó con la cumanayagüense Ofelia García Brugueras, pero aquella boda dio tanto que hablar en el pueblo que su leyenda me tocó desde los primeros años en que comencé a pasear por una de las calles del pueblo que lleva su nombre, con atenta devoción escuchaba las anécdotas donde se relataban sus aventuras surcando los cielos y dejándole caer manojos de flores a la novia en el portal de su casa, y hasta me imaginaba que era el dueño de las nubes. Hasta hoy todo lo recuerdo como un reflujo lujoso donde el ídolo atravesaba de nuevo el Atlántico en compañía de la fotografía de una linda muchacha oriunda de Cumanayagüa, que lo esperaría por siempre sabiendo que nadie nunca podría vencer la tenacidad con la que aquel teniente de la marina enfrentaba cualquier propósito en su vida. Y así fue en cada uno de sus viajes solitarios  tratando de implantar los récords más desconocidos del universo, siendo el primero en realizar la proeza de sobrevolar el Océano Atlántico en el año1936, desde Camagüey hasta Sevilla, hasta que en 1937 lo sorprende la muerte en Colombia.

Del matrimonio de Peláez con la Ofelia nació un niño al que todos conocieron en Cumanayagüa como el gallego Menéndez, que no hace mucho también falleció, lo recuerdo alto, delgado, locuaz, buen amigo de todos en el pueblo, manejando camiones y otros vehículos, quizás el estigma de un padre poderoso como un dios lo persiguió toda la vida por aquellas mismas calles que ellos recorrieron tomados de las manos, en aquellos domingos de fiesta en que las familias se reunían a conversar en el Prado. Antonio Menéndez Peláez había nacido el 4 de diciembre de 1902 en Santa Eulalia de Riveras, eso es en Asturias, España, pero emigró a Cuba con sus padres a los 14 años de edad, radicándose en la provincia de Cienfuegos, a pocos kilómetros de Cumanayagüa, adonde realizaba viajes de recreo hasta que un día conoció a Ofelia, con la que inició un noviazgo en medio de sus preparativos para aquel legendario primer vuelo.

Peláez no nació en Cumanayagüa pero se quedó desde muy temprano en la zona, y para  muchos es considerado un paisano más en el pueblo, hasta el punto que después que fuera aprobado aquel vuelo, que partió de Camagüey con un despegue en 17 segundos y que fuera presenciado por diez mil personas un domingo 12 de enero de 1936, para concluir en Sevilla a las 5 y 25 pm del 14 de febrero, los cumanayagüenses lo celebraron en el parque con un festejo que duró hasta entrada la noche, y hay quien afirma que alguien puso flores ante la puerta de su amada Ofelia, enviadas a nombre del piloto desde su avión, nombrado 4 de Septiembre, enmarcado como Lockheed Sirius 88.

Por eso siento pena de que las nuevas generaciones no conozcan el legado de este audaz  individuo que a pesar de los honores ganados, pues las fuerzas armadas españolas lo condecoraron con la Cruz del Mérito Militar y la Cruz del Mérito Naval, y el Ejército cubano le anunció desde La Habana su ascenso a primer teniente, y se le impuso la más alta condecoración que se daba en Cuba en esa época, la medalla Carlos Manuel de Céspedes, siempre me ha parecido que fue y sigue siendo un héroe olvidado. Quizás una calle o algún busto lo recuerden, pero la recordación se va extinguiendo con el paso de los años y en las nuevas tecnologías se va perdiendo su rastro. Pienso que habría que motivarlos de alguna manera, y una película quedaría para siempre en la historia y los jóvenes sabrían que antes de ellos hubo hombres llenos de romanticismo y valentía que protagonizaron acontecimientos que se consideran como una de las páginas más gloriosas en la historia de la aviación cubana.

Solo una idea de cómo fue ese primer vuelo que realizó Peláez completamente solo, es la marca que hizo en el recorrido de más de 7000 millas, en 9 etapas, empleando para ello 33 días, 10 horas y 20 minutos, a razón de unas 115 millas por hora y en un tiempo total de vuelo de 61 horas. Esto lo convirtió en el primer aviador de habla hispana en cruzar el océano Atlántico. La travesía más peligrosa, la realizó después desde la ciudad brasileña de Natal hasta Dakar, capital de Senegal, al norte de Africa, entre otras muchas que realizó en su corta vida, hasta su muerte en ese accidente el 29 de diciembre de1937, en el aeródromo de Cali, pocos minutos después de elevarse la Escuadrilla Panamericana conformada por tres aviones de Cuba, que recorrería la América, desde Colombia. Su avión, el Santa María, se precipitó a tierra, y los otros dos también cayeron envueltos en llamas, Antonio Menéndez Pélaez y sus dos acompañantes murieron, así como el resto de los cuatro cubanos que lo acompañaban, encajonados por el mal tiempo entre las montañas, unos segundos después de despegar.

Por estos días he escuchado que se estrenó el documental de Fidel Oliva en el cine, algo dijo la televisión, se habla del piloto cubano y su épica hazaña, y saludo la iniciativa tanto como los propios familiares. Tal vez este film tenga la suerte de que se repita o la televisión lo estrene en uno de esos días. por lo pronto se que en algún lugar distante habrá otras conmemoraciones en diciembre, algún acto con motivo de su cumpleaños, justo y merecido, después de tantos años de silencio e indiferencia. De lo que estoy segura es que en Cumanayagüa siempre habrá  flores para su evocación, aunque ya Ofelia no esté en el portal de su casa para recibirlas como recuerdo del eterno amor de su piloto amado.



domingo, 15 de octubre de 2017

El regreso de la novia de David

La abuela de María Isabel Díaz
La nieta de Martica de la Cruz
Elsie Carbó
grillosazules@gmail.com

Cosas de la vida. La alegría que me produjo ver a la actriz María Isabel Díaz de nuevo en nuestra televisión ha sido muy grata, me hizo recordar a una entrañable amiga de la infancia, compañera de colegio y de juegos, Martica de la Cruz, y ella tampoco debe estar ajena a la felicidad de María Isabel por Volver otra vez a filmar en Cuba, parafraseando a Almodovar, porque es su abuela, y de ella sale esa savia intensa que la hace reverdecer en todos los pasos que se propone dar, porque igual que su abuela, María Isabel heredó esa magia de la ubicuidad y el desenfado. Se que la felicidad de tener una nieta querida y aplaudida no tiene palabras exactas, pero se también que allá donde vive actualmente es una mujer feliz. Ahora hablo de la actriz y les diré que hasta yo me sentí dichosa de haber conocido a aquella niña que estudiaba en la misma escuela secundaria de mi hijo en Cumanayagua, fue la película Una novia para David, la que la sacó a la luz pública y todos se fijaron en ella por su centrada y sentida actuación, fue la película cubana que hizo soñar a muchos y la que lanzó al mundo cinematográficos a unos cuántos jóvenes de aquella generación, hoy en las entrevistas que le hacen a María Isabel se habla menos de esta  incursión en la gran pantalla a los 18 años, que fue su primer motivo para adentrarse en este radiante mundo e ingresar en la escuela de arte, solo se menciona entre otras Volver, de Almodovar, o Un otoño sin Berlín, y la última, donde la propia María dice que “Vis a Vis” es una gran serie de televisión, con una factura de primera categoría y con un nivel estético y de guión muy elevado. Excelente reparto y maravillosos personajes. Para mí profesionalmente todo es positivo. Soledad es un personaje lleno de matices y de luces y sombras que me plantea hacer un trabajo a la altura de su humana dimensión.
Pero mi intensión era también hablar más de la abuela de María Isabel,  porque además de ser la abuela de esta joven talentosa que ha regresado a La Habana para filmar otra vez en su tierra natal, es mi amiga de los años, y esa es una condición indiscutible porque se trata de lazos de amistad de muchos años, y pensandolo bien, hay algo de cierto en eso que dicen que aquellos sueños que soñamos para una, alguna vez se realizan en nuestros hijos o nietos, y ese es el caso, Martica era la artista del colegio, la niña que llamaban para hablar, bailar o cantar en el acto de fin de curso, o llevar el redoblante en la banda musical, en todo se destacaba, era a fin de cuentas la más popular. Por eso digo que María Isabel heredó de su abuela todo ese ingenio de vida, y esa expresión mágica e inimitable que lleva en su sangre  como actriz. Creo que de haberle tocado esta época ambas compartirían juntas el gran escenario.

sábado, 5 de agosto de 2017

Pasteles, y no son verdes




Elsie Carbó

Hoy comí unos excelentes pasteles, y no eran de la panadería del estado. Me gustaría poder decir que los pasteles que vende el estado en la panadería de Panorama y Lombillo son iguales o mejores que los que oferta el cuentapropista  en su carretilla, a quien le compré unos pastelitos riquísimos, que se deshacen en la boca, son suaves y tienen suficiente dulce de guayaba como para que te comas una docena, pues valen solo un peso en moneda nacional, pero no puedo decirlo.

Y  es que la calidad de un producto es la que lleva al consumidor a preferirla. Sin embargo, ahí es dónde está el meollo de la cuestión, porque a dureza y resistencia no hay pastel que le gane al de Lombillo y Panorama, además de la ausencia de la guayaba, me pregunto: Es que acaso los ingredientes no son los mismos? Cómo puede un pastel perder su textura y razón de ser en manos de los expertos dulceros, que hasta han sido seleccionados trabajadores vanguardia en su unidad? No digo que ese centro de elaboración no cumpla con sus normas o mal utilice los productos que tiene para trabajar, pero de que no le salen como es debido los pasteles es una gran verdad que solo la pueden desmentir ellos mismos mejorando la oferta.   

Y precisamente en estos momentos en que se está remodelando o sistematizando el asunto de las licencias a los cuentapropistas, según se dice para acabar con las ilegalidades y otras yerbas malas que se propagan,  yo me digo, si también esos acomodos llegaran al sector estatal para mejorar la calidad de lo que nos venden sería una maravilla, porque a pesar de que ya nos hemos acostumbrado a la chapucería y a la mala presentación de los productos, cuando nos encontramos con un buen pastel todavía sabemos inmediatamente dónde está la diferencia.

jueves, 20 de julio de 2017

La maraña en Tercera pica y se extiende…




Elsie Carbó

En Tercera y Ayuntamiento está el puesto. Cuando era  abastecido por la cooperativa de Quivicán robaban en los precios, ahora es estatal pero está desabastecido y cerrado casi siempre.
No estaba en mis planes escribir sobre el puesto de la esquina de Tercera y Ayuntamiento si ya lo había hecho magistralmente Gabino Manguela en el periódico Trabajadores, bajo el "Maraña" en Tercera y Ayuntamiento, publicado el , que logró que la Cooperativa de Créditos y Servicios 30 de Noviembre, que abastecía dicho quiosco separara a los responsables de alterar los precios y ese punto de venta pasara al sector estatal, pero como ahora tenemos una situación inexplicable y peor, los vecinos se cuestionan si esa medida benefició o perjudicó a la población que adquiere sus productos en dicho agro.

Solo quiero llamar la atención sobre el hecho de que ahora los vecinos de la zona estamos sin ninguno de los dos bandos, no tenemos productos ni como cooperativa 30 de Noviembre, ni como agromercado estatal, dado que este último no recibe mercancías como le correspondería para jugar su papel, y permanece desabastecido, oscuro y sucio, donde los trabajadores, estatales desde luego, ganan un salario por estar sentados a la espera del transporte que envíen con la mercancía para ofertar.

Y aunque pareciera desacertado tengo que decir en honor a la verdad que en la etapa cuentapropista los encargados del puesto se esforzaban a veces por ofertar productos frescos y variados como plátanos de fruta, boniatos, malangas, ajíes, pepinos, berenjenas, col, o tomates, estos últimos convertidos en la manzana de la discordia entre el periodista y el vendedor debido al alza de su precio a manos de este último, que desató el artículo de marras.

Sin embargo, caros o no aquellos tomates, llegaban a la población si esta decidía pagarlos, una decisión única y personal que solo está relacionada con el bolsillo del cliente, independientemente de que sea abusivo o descarado, porque lo que  está claro es que el público ya no se deja estafar tranquilamente cuando puede hacer la reclamación o tiene la opción de no adquirir el producto. Recuerdo que el tema de los precios se cuestionó en la reunión de rendición de cuentas de la circunscripción en la calle Tercera, asimismo se dijo que en ese puesto se vendería la papa normada por la libreta, pero sucede que dicho tubérculo es un fantasma misterioso del que solo sabríamos cuándo va a aparecer si tuviéramos a mano algún oráculo para la consulta papal.   

Yo solo soy una consumidora más del puesto de Ayuntamiento y Tercera, y por lo pronto les aseguro que en ese lugar ya no hay maraña, es verdad,  pero tampoco hay ni tomates, ni coles, ni rábanos, ni mangos, ni boniatos, ni ningún periodista que venga ahora a darle seguimiento a la crítica inicial.

jueves, 29 de junio de 2017

Santa y Andrés




Elsie Carbó

He visto Santa y Andrés. Ya raras veces una producción cubana me perturba considerablemente teniendo como punto de enfoque que ya he visto bastante de eso. Tal vez a ese aspecto de la realidad se referiría Obama en su visita a la Isla cuando dijo que habría que olvidar el pasado, pero no sé, algo en ese momento me resultó un poco perplejo, no obstante mirando la cinta de Carlos Lechuga, la cual no se ha puesto en los cines del país, pienso que de olvido nada, perdón sí, como decía mi abuela, y ahí están los trozos de aquel escenario que mi generación reconoce muy bien y que por más que se quiera engavetar resurge de sus cenizas como un Fénix  inagotable.
En Cumanayagua una tía mía le tiró wevos a mí otra tía que estaba a punto de zarpar para el Mariel con su hija exilada. Ambas se reencontraron años después en Miami. Dicen que ninguna de las dos habló del pasado, quizás lo habrían olvidado, me cuesta creerlo después de meterme en la piel de Andrés y vivir su calvario, casi uno igual al que sufrió mi primo Luis en los remates del pueblo, y a otros que conocí aquí en la capital y también la pasaron mal, escapando al destierro para no morir quemados en la hoguera, y aún así siempre la candela les tocó el fondillo, recuerdo las escenas de Julito Cabrera siendo arrastrado por la marea turbulenta de aquella grandiosa arenga frente al Payret, o la de Juan Carlos Martínez cuando en aquella reunión del colectivo de Juventud Rebelde, en los talleres de linotipo, fue escarmentado públicamente al descubrirse que era gay. Borrón y olvido para tanto dolor, como dijo aquel presidente? Si al principio lo dudé hoy me niego rotundamente a olvidar la historia, aunque a veces la vida me lleve a confraternizar en el cederre con la misma persona que aquella vez, representando al sindicato, gritó con ahínco paredón para los gusanos maricones.

La cinta ahora circula en el paquete, pero a mi nieta esta película solo le traerá interrogantes, ella no sabe nada, tampoco podrá creer lo que narra. Son girones de nuestra pasada historia. Podría decirle que solo se trata de un guión intrascendente de ficción entre Altunaga y Carlos?. Pero creo que es verdad, está censurada.