Esa "cosa" es lo que hace cantar al tomeguín del pinar

miércoles, 24 de enero de 2018

Imágenes



Elsie Carbó
grillosazules@gmail.com

Leí el artículo Imágenes que desgarran, publicado por Osviel Castro Medel en Juventud Rebelde (http://www.juventudrebelde.cu/printed/2017/11) y que ha levantado una serie de opiniones entre muchos lectores, algunos a favor, otros en contra, y realmente el tema tiene varios aspectos de interés si vamos a ver, porque es cierto que es condenable una grabación de imágenes que dañen la estabilidad emocional del público utilizando la era de las tecnologías, pues soy de las que paso página rápidamente cuando me enfrento a alguna aberración de esas que andan circulando en internet, pero siempre pienso que más condenable es quien las perpetra, y sobre los pasos de ellos hay que estar atentos, pues se sabe que muchas veces gracias a una imagen se han capturado pedófilos y asesinos en serie, ahora me quiero remitir a un caso publicado por Medel sobre el individuo que cometió un acto monstruoso con un animal indefenso, y que fue grabado. El periodista lo describe así: “…un malvado, riéndose, tomaba entre sus manos un gato vivo y, mordida a mordida, lo devoraba casi hasta los huesos.
Tal monstruosidad no ocurrió en el extranjero ni en una película de caníbales sino en esta geografía, no lejos del sitio desde donde redacto estas…”
Entonces, a quién yo condenaría no es solo al que grabó el video, sino y con más fuerza al que lo perpetró. Se sabe por estudios científicamente avalados que la mayoría de los asesinos y violadores han empezado su vida activa torturando, violando y matando animales, como ese mismo señor que señala Osviel en el video, o aquellos que en Manzanillo pusieron a un perro en una caja y luego lo quemaron vivo ante la vista de todos en la calle, las imágenes no se producen solas, son un producto de hechos consientes de los seres humanos, y por eso hay que saber qué imágenes vamos a combatir, porque no son iguales las que se graben de un accidente, que siempre serán dolorosas,  o aquellas que han sido preparadas con plena antelación y conciencia por sus ejecutores, pero lo cierto es que ver un crimen en calma es casi como cometerlo, en mi opinión esa grabación u otras de igual o parecido contenido servirían para ir detrás de los sicópatas que operan libremente en su nefasto mundo de maldad, y que en cualquier momento pueden afligirnos a nosotros o algún miembro de nuestra familia o amigos, en el menor de los daños. Fui de las que apoyé las denuncias que hizo el periodista Giordan Rodríguez Milanés desde Manzanillo contra los delincuentes que llevaron a cabo la quema del perro y su posterior grabación porque creo que poniéndolos en la picota pública es una la forma que tenemos de luchar contra aquellas actitudes antisociales, de las que aún la policía no se ocupa porque no existen leyes que las sancionen como es debido, aunque lo ideal sería no solo el uso de las redes sociales sino nuestra prensa, de la que pienso que juega un papel decisivo cuando denuncia estos crímenes, y un buen ejemplo es lo publicado por el periódico 5 de Septiembre sobre el caso de la joven violada y asesinada en Cienfuegos. La repulsa social contra los delincuentes fue contundente, pero si se ignoran los hechos pensando que el periodismo es solo para resaltar lo divino y lo bello de la flor nunca podremos ganarle la partida a los sinvergüenzas.
Es un buen análisis del periodista Osviel pero hay que seguir la investigación, la pista digamos, vamos a implicarnos también, no nos podemos solo contentar con criticar y alertar a esos jóvenes, y no tan jóvenes, que utilizan las nuevas tecnologías para recrear actos deleznables y a veces delictivos que dañan la espiritualidad de los ciudadanos. El periodismo es tocar fondo, descubrir, hacer justicia, mostrar quiénes son los enemigos de nuestra tranquilidad social, aquellos que destrozan nuestro entorno, los que conspiran contra la belleza de la naturaleza, los que desgarran y matan, los que roban o mienten... Hay que desenmascarar a los posibles asesinos y violadores que a veces salen a la luz, para deleite de su ego, en un doloroso video de crueldad animal.

domingo, 14 de enero de 2018

Lo que hace la diferencia



Por Elsie Carbó
grillosazules@gmail.com

El doctor Luis Manuel Martín Gil, a la derecha junto al estudiante Orlando Mederos
Hace poco fui a ver al médico por una dolencia entre ceja y ceja que me estaba molestando más de la cuenta. Había comenzado por una pacífica espinilla que no desapareció ni con las sucesivas manipulaciones o los tratamientos caseros que erróneamente le apliqué. De acuerdo, entonces fui remitida a cirugía menor del policlínico Rampa, el mismo que está en pleno Vedado capitalino, y en el cual trabaja desde el 2008, el doctor Luis Manuel Martín Gil, el cirujano Tito, como le suelen nombrar. No me gustaría que esta historia se viera como una tarea asignada o una estadística más de encomio para la institución de la salud, estoy muy lejos de eso,  se trata sencillamente de hacer honor a los verdaderos valores que deben engalanar la existencia de los seres humanos, sobre todo cuando tienen la vida y la salud de sus semejantes en sus manos, pues bien, llegué al policlínico y fui atendida sin dilación por Tito el cirujano. Quedé complacida y asombrada, luego el mismo me señaló
 el turno para la semana siguiente a mi visita. Confieso que me impresionó la rapidez de la gestión y más aún su cordialidad, siendo yo una desconocida paciente  en aquella abarrotada sala de espera del policlínico. Escucharlo hablar con aquella amabilidad, ver la atención con la que se enteró de mis explicaciones y mis miedos, y después su sencillez, la libertad de su sonrisa y la seguridad con la que me dijo que no tenía nada que temer, realmente hace pensar que ya de por sí una atención tan encantadora nos podría hacer pensar que habremos ganado el reino de los cielos, eso sin mencionar que a la siguiente semana regresé para verificar realmente que en un santiamén aquel molesto grano desaparececió de la faz de mi frente.
Así es la razón de esta historia, por eso le debo al doctor Martín Gil, estas pocas letras para agradecerle su labor en ese equipo médico y su excelencia como ser humano. La manera con que sin la más mínima muestra de superioridad o pedantería trata a sus pacientes es ya de por sí un rasgo personal que hace el contraste entre lo ético y el desierto. Y no solo lo digo por mi experiencia,  ya de antemano los elogios en la sala de espera cuando varios pacientes se referían a Tito con gran entusiasmo, calificándolo de buen cirujano y chévere persona. Es que en su consulta siempre hay pacientes que se fijan en todo y agradecen cuando un galeno les inspira confianza, son individuos que acuden para atenderse en cirugía menor, periférica, o en otras especialidades como la de oncología de piel, para las cuales, la experiencia de este médico, su dedicación y su popularidad entre los colegas, los amigos y pacientes, es lo que  determina a fin de cuentas el valor de la diferencia.
Me tomaron por sorpresa en la foto antes de la operación del pequeño quiste entre las cejas
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