Esa "cosa" es lo que hace cantar al tomeguín del pinar

sábado, 23 de enero de 2016

Mary Ruíz de Zárate, del ostracismo al olvido


Del Bravo a la Patagonia. En venta en  Google...Carísimo


Por Elsie Carbó
Grillosazules@gmail.com
 
Son de esas cosas que una tiene en mente pero que no llegan a ponerse en práctica, y con una llamada tal vez lo resolvería , no sé, a lo mejor me detiene el miedo a no encontrarla, o que una voz desconocida delate algo lamentable. Entonces recurro a lo que más a mano tengo en esta vida, escribir. Perpetuar algunos momentos, ciertas anécdotas y reportajes en que Mary Ruíz de Zárate puso todo su empeño, como las investigaciones sobre la vida y obra de Bolivar, Sucre, San Martín... cuando aún sobre todos ellos muy pocos periodistas escribían. Publicó en las páginas de Juventud Rebelde durante casi tres décadas sobre la historia de América y sus luchas por la independencia, su libro del Bravo a la Patagonia, editado por el Instituto Cubano del Libro, en 1973, fue para algunas carreras universitarias un complemento en el aprendizaje más cercano del continente americano, creo que ese mismo ánimo la llevó a investigar además, pasajes de las guerras cubanas, sus heroinas, Mariana Grajales, Juana Sarduy, Leona Vicario... algunas historias menos conocidas, y otras polémicas, inmersa siempre en el vórtice de pasiones encontradas que con cada artículo se desencadenaban. Esto me lleva a pensar con desánimo que el periodismo tiene en ocasiones un rasgo desnaturalizado, y que lo ejerce distraídamente con un demoledor silencio, solo en dependencia del arte de magia que se necesita para no ser un relegado se reciben invitaciones,  diplomas, y algún que otro regalo como aseo personal, una sombrilla… De anécdotas las hay de todos los tonos,  amén de acontecimientos que tuvieron que ver con figuras prominentes, y una más que otra que la hizo llegar como abogada hasta el tribunal con su toga impresionante para revertir algún entuerto, como aquel del periodista  tupamaro en el banquillo de los acusados por atropellar desprevenido a un ciudadano en la vía, o para recuperar un inmueble básico del periódico que alguien en otro organismo le había regalado inocentemente a una compañera; no podría olvidar aunque quisiera aquel pelotón de mujeres uniformadas que llegaron comandadas por Mery para desalojar la vivienda. Me adelanto a prevenir que habrá a quién no le guste saber que particularmente la admiraba por su total desconocimiento del miedo, sus arrebatos y sus sobrados enemigos, hoy casi todos muertos o en vías de hacerlo, que la calificaron de personaje impredecible e irreverente. En mis comienzos de aprendiz la vi como la  periodista que no se conformaba con una negativa ya viniera de un funcionario o de un prelado, eso lo saben bien quienes fuimos testigos de sus conatos por investigar en la diócesis de Santiago de Cuba el origen de una cucharilla que, según sus fuentes, atestiguaban que perteneció a Simón Bolívar. El reportaje, que de hecho se publicó en Juventud Rebelde entre dos espléndidas páginas centrales de un dominical con fotos y detalles, ya llevaba, como es lógico, la aquiescencia del obispo. Nada de lo que se propuso, defendió, o escribió estuvo libre de discusión, recelos y acusaciones, quizás toda su vida ha estado signada por el desconcierto y la fantasía, así hasta el carné del Partido que ostentaba orgullosa por haber declarado que tomó parte en la batalla del 5 de septiembre en Cienfuegos fue inmerecido. Hace mucho tiempo que no sé de ella, hoy día cada cual vive su exilio ortodoxo a su manera, aunque solo estas líneas son para que sepa, donde quiera que la tenga la suerte, que de mujeres irrefragables como ella está el mundo intenso, y soy de las que, no obstante, la recuerda, más allá del ostracismo y el olvido.

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